1 ago. 2008

¿Aforismos?

Una ambulancia que corre a toda marcha, la luz roja que gira, la sirena... el hombre ya casi muerto toma la mano del enfermero, se aferra a ella como si esta fuese la vida misma. La luna amarillenta como un cristal sucio, las estrellas son escasas, nada parece importarle a las agujas que giran y giran insensibles. Un pensamiento inoportuno, el dilatar de las pupilas no sabe mentir. Otra vez esa sensación, ese caer al vacío, el deseo neurótico de huir... pero, ¿hacia donde?. Mis pensamientos (como si de gaviotas ciegas se tratara) vuelan en círculos, torpes, repetitivos, estrellándose entre ellos.

Hay cadenas invisibles que nos atan... y látigos que nos flagelan.

Hay dos clases de prostitutas. A unas se les ve de noche en las esquinas, exhibiendo lunares pintados, pronunciados escotes y cicatrices en los muslos, ofreciendo su cuerpo a los caminantes bohemios casi siempre para llevarle de comer a sus hijos. Otras, cuyo precio es mas alto, ofertan su mercancía tras escritorios, en reuniones diplomáticas, en ruedas de prensa, en comunicados oficiales... son hombres, hombres de cuello blanco y corbatas de seda, que estrechan la mano de genocidas, que lisonjean a corruptos con acento y buenos modales para obtener sus favores, que ofrecen como mercancía la dignidad de los pueblos, que sonríen frente a las cámaras y los micrófonos de corresponsales internacionales mientras los pobres se hunden en el fango de la miseria. La diferencia radica en que las primeras no nacieron para ser putas, las otras al parecer sí.

Si el diablo fuese mujer, tendría al mundo en sus manos. Los ángeles le llevarían serenatas y se batirían a duelo por su amor. Habría que llamarle todopoderosa, señora de la luz y las tinieblas, del vacío y la eternidad. Alfa, omega y todo lo que hay en medio. Cientos de adolescentes drogados se suicidarían a diario solo para verle eternamente y masturbarse entre sus llamas. Los cruzados volverían a blandir sus espadas en una lucha sin tregua en los campos infernales por el derecho de tocar el encaje de su vestido y ser azotados por su látigo.

El idioma precisa mas palabras. Una palabra para designar por ejemplo, el inquieto oleaje que siento en mis adentros, cuando la brisa otoñal me hace recordar ciertos momentos de infancia en los que aún no conocía el mar, ni la soledad, ni las lagrimas calladas... Un monosílabo tal vez, que con un solo golpe de lengua y entreabrir de labios logre aligerar el peso de mis sentimientos. Tendría que existir también un adjetivo con el cual nombrar la expresión de mi rostro en tales momentos.

Los vientos del norte trajeron a los niños el deseo de ser hombres, de disparar e inhalar sustancias, el estereotipo de las porristas promiscuas, los finales predecibles, el consumismo, las argollas en las narices, el evangelio según los beatles, el complejo de inferioridad, el imperialismo, la eterna dependencia y sobre todo... el anhelo de largarnos hacia allá.

Las tribunas quieren sangre. El gladiador quiere libertad. ¿Qué quiere el emperador?. Ni siquiera él mismo lo sabe. Solo es un títere con una tiara.

El prisionero está sentado a orillas de su cama, solo hay algo a lo que teme más que a pasar su vida en aquella cárcel... ese algo es la libertad. - No existe tal cosa - se dice a sí mismo -Habria que ponerle comillas a esa palabra -.


Edward

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