2 ago. 2008

Caída

Camino despacio sobre un suelo rojizo, aún queda algo de sol y una mezcla dorada de cielo y mar adorna mi horizonte, si hubiera dios le agradecería toda esta belleza que ven mis ojos. Una bandada de pájaros emprende un vuelo que por alguna razón, imagino no tendrá final, sé que es una idea desquiciada pero se me antoja pensar en un vuelo sin fin, en una infinita estela multicolor dejada entre nubes. Hoy la soledad me invita a dibujar paisajes, a escribir un poema por cada pétalo de esta flor que ahora deshojo, a enloquecer y jactarme de mi locura.


Tanto vivir atado a la norma, a la vaciedad de lo cotidiano, a sádicos recuerdos e infecundas añoranzas, tanto abrigarme de ilusiones a sabiendas de que un frío e incierto final me aguarda con la paciencia del depredador que observa con sigilo su presa. Es tiempo de tomar las riendas. Dos lágrimas brotan de mis ojos y se deslizan sobre mis mejillas cual si estuviesen dotadas de voluntad propia, puede que esto sea a lo que llaman felicidad.

Ahora estoy de pie justo frente al precipicio que tanto me asustaba cuando era niño, intento sentir nueva vez aquel miedo, pero es inútil, ya nada es igual, podría lanzarme al vacío y no bastaría para despertar al niño que ahora duerme dentro de mi, hay cosas que no tienen remedio, el viento sopla de este a oeste creando nubes de polvo que se arremolinan poco antes de desaparecer. Una serpiente se detiene ante mi y me dice con voz ronca: no lo hagas, nadie vendrá a poner alas en tu espalda, ni recogerán tus trozos cuando hayas caído. Ahora estoy confundido, puede que todo sea una trampa, puede que la serpiente mienta para que nunca aprenda a volar como aquellos pájaros que ahora se han perdido de vista, para que siga siendo una roca mas en este pedregal. Por otra parte puede que esté en lo cierto, que no exista nada mas fuera del alcance de los sentidos, fuera de la razón, no estoy seguro de si esta posibilidad es un consuelo o un desconsuelo.


Y mientras medito en silencio, pierdo la noción de la realidad, cuando reacciono ya es demasiado tarde, estoy descendiendo violentamente, no se si alguien me empujó sin que lo notase, es posible que ese alguien haya sido mi propio instinto, nada puedo hacer ahora. Quiero vivir este instante despojado de temores, este descenso que me llevará a lugares donde nunca soñé ir, la serpiente ahora llora,- otro que se me escapa- dice. Siento compasión por ella, tan solo es un ser que teme a la soledad, quiso retenerme a su lado valiéndose de... ¿mentiras?, no la culpo, a fin de cuentas es una práctica recurrente en los humanos. Todos buscamos algo que creemos perdido, a veces está tan cerca que lo pasamos por alto una y otra vez, a veces creemos poseerlo y es cuando en realidad lo perdimos. Mi pañuelo está seco, ya no lo necesito, nadie sabe enjugar lagrimas como el viento.

Estoy cerca del suelo, no siento temor alguno, pareciera que es él quien viene hacia mi con actitud febril, cerraré los ojos y...


Edward

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