1 sept. 2008

Onirico, patético


A veces camino, otras me detengo, otras corro... Soy algo distinto de lo que fuí, soy la soledad, soy la duda, soy el nada tras el todo. Conspicuo en el mundo del silencio, tanto como intrascendente en el de las palabras. Invisible, anónimo, abstraído, soñando con plantaciones carnívoras que, a falta de carne, se comen entre ellas, se desmenuzan insaciables, hasta que solo queda el vacío, lo inimaginable. Y me asusto, y me regocijo al saber que aún puedo temer, me dejo caer desde lo alto, y veo cada vez mas cerca el suelo, me desintegro al tocarlo, alguien recoge mis trozos y me esculpe nueva vez.


Volveré a deambular a ciegas, huiré de mi mismo, del monstruo que solía ser, y me burlaré de tu ausencia, seré tránsfuga si es preciso, conoceré nuevas formas de hambre y nuevas formas de saciedad, escribiré rapsodias y las lanzaré al aire, y el aire mismo cantará, cultivarán sus huertos los campesinos, bajo el sol florecerán las amapolas y volarán las mariposas perseguidas por niños con redes, reirán los suicidas, y escribirán en sus notas que es la tarde mas bella de sus vidas.


Las niñas ya no jugarán en el jardín, se habrán cansado de ser niñas. Ya no correrán tras el autobús, ya no serán espiadas por el pervertido, se irán con un desconocido fumador de puros que les enseñará a seducir a extraños, a drogarse y a fingir orgasmos.


Cielo que súbitamente se nubla, prisa por llegar, el vagabundo juguetea con las mangas de su camisa, cada día se le ve mas delgado, cada día mas indiferentes los transeúntes. Tiene a sus pies unas monedas, trozos de pan y frutas secas.


A ras del suelo una rosa. Su presencia me roba el pensamiento, me inspira, me somete. Tan pequeña y bella, tan mía y tan de nadie, escuchando los secretos que le susurra el sol, dejándose besar por él. Sabe cumplir con su tarea única de embellecer. Podría escribir todo el día, podría quizás arrancarla y regalarla a la mujer de pelo negro que cada día pasa por mi calle a la que no hago más que mirar y callar, seguramente ella la tomaría y diría gracias, un vaso con agua sería entonces su nueva morada, hasta cansarse y marchitar. Un artista errante la pintaría, le daría quizás más esplendor, exageraría su carmín. Una chica con su cámara le tomaría una foto, se la enviaría a su amigo, él buscaría en ella la inspiración que le robó aquel adiós callado.



Edward.-

un poco esto, un poco de aquello.

2 comentarios:

Baakanit dijo...

Me gustó mucho el último párrafo, es poesía.

Son tantos los usos que puede tener una rosa, especialmente el de esas de minifaldas verdes y blusas rojas que se convierten en mujer y transitan por toda la calle.

Saludos

Edward Padilla dijo...

"esas de minifaldas verdes y blusas rojas que se convierten en mujer y transitan por toda la calle".

y todavía dices que no eres escritor!!!